Mostrando entradas con la etiqueta Mundiario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mundiario. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de marzo de 2017

Saint Malo


Entre Bretaña y Francia se encuentra la bella ciudad fortificada de Saint Malo

Cuna de numerosos y renombrados corsarios, sus habitantes siempre se han caracterizado por los deseos de autonomía o independencia acuñando la expresión: "Ni franceses ni bretones, de Saint Malo somos".

Saint Malo se convirtió en el punto de destino y lugar de un efímero encuentro de los dos personajes centrales de la obra de Anthony Doerr "La luz que no puedes ver", una novela ambientada en torno a la II Guerra Mundial. Se trata de Marie-Laure, una niña parisina ciega que tiene en su poder una joya del Museo de Historia Natural, y Werner, un joven alemán huérfano criado en un poblado minero que acaba de especialista en radiotransmisiones del ejército alemán, cuyas desventuras tienen un final dispar que no voy a desvelar.

Seguramente fue unas las plazas que sufrió los ataques más encarnizados, injustos e innecesarios durante la II Guerra Mundial. En el verano de 1944 las fuerzas estadounidenses atacaron con todo una ciudad sitiada en la creencia de que miles de alemanes estaban dentro de su perímetro amurallado, ignorando un informe de que estos no llegaban a ser un centenar pero si había muchos civiles que no habían podido salir debido a que los alemanes cerraran las puertas. La destrucción fue masiva, de cerca de 900 edificios menos de 200 quedaron en pie y todos con daños, persistiendo durante mucho tiempo la falsa creencia de fueron los alemanes quienes incendiaron la ciudad al sentirse derrotados. Sin que esto exima de culpa a los alemanes que también arrasaron lo suyo, con especial mención para la catedral y el puerto.

Sin embargo Saint Malo resurgió de sus cenizas incluso con un nuevo esplendor y, a día de hoy, es un importante destino turístico en Francia. Un lugar ideal para pasear y disfrutar de lo que nosotros llamamos filloas y allí dicen crêpes, la capital del mundo de la crêperie con más de cincuenta establecimientos al uso abiertos. Situada en la región de Bretaña, en la costa Esmeralda, alcanzó renombre por su recinto amurallado del siglo XIII y su relación con el mar, un estratégico puerto con importante actividad en comercio, pesca, recreo y pasaje de viajeros. Actualmente es una estación balnearia, con un espectáculo marítimo en el que  sus grandes mareas corren tan rápido como caballos a galope.

Foto: Mareas vivas en Saint Malo. / Corinne Queme

Mundiario


viernes, 10 de marzo de 2017

Tren Arica - La Paz


El tren Arica-La Paz discurre por una vía construida a cambio de territorio

Para solucionar los asuntos derivados de la Guerra del Pacífico en la que Bolivia perdió su salida al mar Chile asumió el coste de la construcción del ferrocarril en compensación.

En costa norte de Chile, bordeando la frontera con Perú y no lejos de la de Bolivia, se asienta la ciudad de Arica, la más norteña del país, una población de poco más de 150.000 habitantes. Un lugar que se alimenta de los turistas que buscan las hermosas playas del bravo Pacífico en combinación con los áridos paisajes del desierto y la cercanía del altiplano. Fue también, en virtud del Tratado de Paz y Amistad del 20 de octubre de 1904, la salida al mar de Bolivia.

Con solo mirar un atlas, se concluye que Bolivia es un país interior, un estado sin litoral marítimo, o como algunos dicen un país “mediterráneo” por su condición de estar rodeado de tierra por todos los lados, circunstancia que comparte con otras cuarenta y pico naciones de todo el mundo. Su capital; La Paz, está lejos del mar en sentido horizontal, 440 kilómetros, y en sentido vertical, en torno a los 4.000 metros.

Esa distancia y desnivel se salvó utilizando el Ferrocarril Arica-La Paz, una vía de comunicación que entra en la categoría de “trenes olvidados”. El trazado comenzó a construirse en 1906 y la línea fue inaugurada en 1913. El coste de la inversión y su mantenimiento corrió a cargo de Chile, como parte del Tratado que aseguraba el tránsito de mercancías de Bolivia hacia el Pacífico. Desde 1928 cada país se hizo cargo de administrar el tramo correspondiente a su territorio. En 2005 dejó de funcionar de manera conjunta por una quiebra empresarial y debido a los desperfectos en la vía a causa de las lluvias y los terremotos así como a la preferencia de los empresarios bolivianos por la usar la carretera. Desde entonces en la parte boliviana opera un ferrobús con viajeros y en la chilena un convoy de mercancías.

Foto: Ferrocarril Arica-La Paz (1996). / John Phillips

Mundiario


sábado, 4 de marzo de 2017

Illas Lobeiras


Las islas Lobeiras ocupan una posición estratégica en la ría de Corcubión

En la Lobeira Grande se levanta un faro que facilita la navegación por la ría ayudando a los barcos a salvar los escollos que representan los bajíos rocosos de la zona.

Las Islas Lobeiras, Lobeira Grande, Lobeira Chica y Corrumeiro, se encuentran en plena ría de Corcubión, frente de la costa de Carnota, en la provincia de A Coruña. Son un pequeño grupo de islas de menos de un kilómetro cuadrado que albergan un faro desde hace más de un siglo, hoy día automatizado pero inicialmente atendido por un torrero que tenía que vivir obligatoriamente allí.

Son unas pequeñas islas rocosas cuya superficie granítica representa una extensión en el mar del macizo de O Pindo. La escasa superficie y su estructura rocosa impiden que tengan un uso distinto que el de servir de base para un faro. Sus principales habitantes son los cormoranes moñudos que las utilizan como lugar para anidar.

¿Por qué se llaman así? Hay quién dice que su nombre viene de que en otros tiempos estuvieron habitadas por lobos marinos. La tradición marinera le atribuye el bautismo a que esperaban escondidas como los lobos a que los barcos chocasen contra ellas representando un grave peligro para la navegación. No en vano fueron escenario de diversos naufragios. Allí encontraron su final los carboneros ingleses Wolfstrong (1870) y Daylight (1897), así como los mercantes griegos Skuld (1901) y Polymia (1904).

Foto: Faro de Lobeira. / Roi DaSaraiba



lunes, 27 de febrero de 2017

Torre de Hércules


La Torre de Hércules funciona como faro desde los romanos

Rodeado de leyendas y convertido en Patrimonio de la Humanidad, es el único faro de la época romana en perfecto estado de conservación que se sigue utilizando para la señalización marítima.

La Torre de Hércules, inspirada en el Faro de Alejandría, con 2 milenios largos de vida, se eleva sobre un promontorio rocoso en la costa más septentrional de la ciudad de A Coruña, en un entorno ideal para aprender a volar cometas. Es el único faro en el mundo de origen romano que todavía cumple su función como tal a día de hoy. Se reconoce como el símbolo inequívoco de la ciudad, un lugar de obligada visita para los forasteros, que ya se sabe que aquí no lo son. Y quién se atreve con sus más de 300 escalones y 55 metros de altura se ve recompensado con unas vistas espectaculares que recompensan el esfuerzo, eso sí hay la suerte de llegar en un día claro, cosa que no está garantizada.

Parece que el emperador Julio César, que estableció una colonia romana en Brigantium, es el culpable de haber colocado la primera piedra de lo que durante los siguientes mil años sería el Farum Brigantium, cuya construcción fue dirigida por el arquitecto originario de Coímbra Cayo Servius Lupus. Con la caída del Imperio Romano, la Torre también vivió unos cuantos siglos de horas bajas, aunque no dejó de servir como guía para los marineros transitaban estas aguas traicioneras. En el siglo XVIII, bajo la dirección del ingeniero Eustaquio Giannini fue restaurado y remodelado con el aspecto actual.

Sin embargo existe el mito de que Hércules dio una patada al gigante Geyron, que había esclavizado Brigantium, después enterró su cabeza en el acantilado sobre el que construyó una torre y al lado fundó una ciudad que llamó Crunia. Otra leyenda cuenta cómo Breogán, el rey celta, construyó esta  gigantesca torre para tratar de otear lejanas tierras con la suerte de que su hijo Íth, desde la cima, vio una costa lejana hacia la que partió de viaje con su hermano Mil, y así fue como llegaron en las orillas de Irlanda.

Foto: Torre de Hércules. / Diego Delso

Mundiario


lunes, 20 de febrero de 2017

Hachiko


Como amante de los perros, la historia de Hachiko no deja de emocionarme

Un perro que se hizo famoso por protagonizar una historia asombrosa, increíble, tan real como triste, una lección de fidelidad a su dueño premiada con un reconocimiento generalizado.

En su relación con la raza humana, si hay un animal fiel, leal y amigo ese es el perro. Más allá de lo que alcanza la memoria las personas hemos desarrollado un vínculo especial con los perros y viceversa. La percepción de este vínculo, al igual que los colores que nosotros vemos en toda su gama y los perros en blanco y negro, es distinta según para quién. Que el perro es el mejor amigo del hombre lo decimos nosotros, en cambio ellos nos ven como miembros de su grupo.

Entre todas las razas de perros algunas destacan por su lealtad inquebrantable. Como sucede con la Akita, una raza originaria de Japón, un perro grande y potente con apariencia noble e intimidante que, en otros tiempos, fue utilizado para proteger a la nobleza feudal del Japón por ser un animal que no conoce el miedo. Lo cual no impide que, cuando está debidamente socializado, sea un perro cariñoso, respetuoso, juguetón y divertido.

Y dentro de esta raza hay algún ejemplo increíble como el de Hachiko, un perro que acompañaba a su dueño a la estación de tren todos los días y lo esperaba cuando regresaba a casa del trabajo, espera que se ha repetido a la misma hora todos los días durante nueve años después del repentino fallecimiento de su amo. Una adaptación de esta historia fue llevada al cine en una emotiva película protagonizada por Richard Gere. El verdadero Hachiko vivió en Japón de 1923 a 1935, como leal compañero del profesor de universidad Ueno, incluso después de fallecer éste de un infarto en 1925. Desde entonces y hasta su muerte Hachiko esperó a diario el tren de las cinco de la tarde en la estación de Shibuya en el que nunca más regresó su dueño. Como tributo a esta fidelidad en la misma estación se ha levantado una estatua de bronce en su honor.

Foto: De la película Hachiko A Dog's Story.

Mundiario


martes, 14 de febrero de 2017

A Toxa


Uno de los destinos turísticos más sofisticados de Galicia está en A Toxa

La isla constituye un centro de turismo de reuniones y de salud, con hoteles de lujo, balneario, casino, campo de golf, puerto deportivo y una curiosa capilla cubierta de conchas.

La Isla de La Toja (Illa da Toxa), con una superficie de poco más de 1 kilómetro cuadrado, está unida por un puente desde el siglo XIX a la población de O Grove, en la provincia de Pontevedra. Su vida está orientada al ocio, al termalismo y al turismo. Es un centro hotelero y residencial con una mínima población censada que se incrementa notablemente con los continuos visitantes.

Como lugar de visita, al que acuden habitualmente los cruceristas que hacen escala en Vigo o los turistas que llegan a Santiago y recorren Galicia, se puede explorar en un par de horas. Tiene como especial atractivo la Iglesia de las Conchas dedicada a San Caralampio y la Virgen del Carmen, una pequeña capilla recubierta de conchas de vieira lamentablemente ensuciada por firmas e inscripciones de visitantes poco respetuosos. Es lugar en el que habitualmente se celebran bodas con novios de muy diversa procedencia y que continúan con el banquete en los hoteles de la isla.

A Toxa está parcialmente protegida contra el desarrollo urbanístico, limitando las construcciones a hoteles, apartamentos y viviendas unifamiliares en una parte de la isla. Sus tres hoteles ofrecen turismo de salud, con tratamientos balnearios y de talasoterapia, y son punto de encuentro de selectos eventos y convenciones. El visitante, sea por unas horas o varios días, se lleva la sensación de haber pasado por un lugar de cierta exclusividad, con un campo de golf de 9 hoyos construido a mediados del siglo pasado, un casino, ambiente refinado y alta presencia de seguridad privada.

Foto: Puente a la isla de A Toxa. / farrangallo

Mundiario


miércoles, 8 de febrero de 2017

Cabo Verde


En las islas de Cabo Verde la gente es, por naturaleza, feliz y hospitalaria

La tierra de Cesária Evora, la “Diva descalza”, con un clima tropical y temperaturas moderadas en el agua y el ambiente, hace que los caboverdianos tiendan a ser así.

Santo Antào, la más montañosa; Sao Vicente, la más cultural; Sao Nicolau, la más impoluta; Sal, la más soleada; Boa Vista, la más acogedora; Maio, la más recóndita; Santiago, la más fértil; Fogo, la más volcánica; y Brava, la más floreciente. Así son las nueve islas habitadas que conforman el archipiélago de Cabo Verde.

Cabo Verde, con una superficie de unos 4.000 kilómetros cuadrados y una población de poco más de medio millón de habitantes, es un país formado por un grupo de islas subtropicales y volcánicas, situado en el Océano Atlántico frente a la costa de Senegal. Un lugar del que, por experiencia propia, con las reservas oportunas por la generalización y con alguna excepción, llegan a España numerosas personas con un alto concepto del trabajo, la lealtad y unos rectos principios del deber y el honor.

En realidad el archipiélago se distribuye en dos grupos de islas, Ilhas do Barlovento al norte e Ilhas do Sotavento al sur, que difieren mucho entre sí, lo cual hace que formen un conjunto único. En las islas del norte se puede encontrar espectaculares montañas y valles tropicales. Las islas más orientales, Sal, Boavista y Maio, están orientadas más hacia el turismo, con maravillosas playas de arena blanca y un mar azul. Entre las islas del sur se encuentra Santiago, la más grande y donde se ubica la capital, Praia, con una rica historia colonial.

Foto: Puerto de Mindelo, Cabo Verde. / Alison



jueves, 2 de febrero de 2017

Kimberley


Kimberley constituye una de las últimas grandes áreas silvestres del mundo

Quizás sea el más desconocido de los tesoros que esconde Australia, con un paisaje de espectaculares tajos y gargantas, cascadas, cuevas, playas, reductos de selva exuberante y una variada vida silvestre.

Kimberley es una región al noroeste de Australia, lindando con el océano Indico y el mar de Timor, por un lado, y los desiertos de Sandy y Tanami, por el otro, con una superficie de más de 400.000 kilómetros cuadrados. Se le bautizó así por su semejanza con el Kimberley de Sudáfrica, con quien comparte similitud paisajística y abundancia de diamantes, no en vano, un tercio de la producción mundial de diamantes sale de las minas de Argyle y Ellendale.

A pesar de su escasa población actual, apenas 50.000 habitantes, como para tener un pinchazo y esperar ayuda, en Kimberley se constituyeron los primeros asentamientos de Australia, procedentes de las islas que hoy forman Indonesia, hace unos 40.000 años. La costa de Kimberley fue receptora de las primeras exploraciones europeas de la Gran Tierra del Sur, es decir Australia. Se cuenta que William Dampier llegó allí en 1688, precediendo a exploradores posteriores como James Cook. Alexander Forrest, en 1879, fue el primer europeo en explorar la región de Kimberley.

Situado al norte del trópico de Capricornio, Kimberley es una de las partes más calientes de Australia, con una temperatura media anual de alrededor de 30°C. Su clima es del tipo monzón tropical, con una estación de lluvias y otra seca bien distintas y diferenciadas. En gran parte del Kimberley domina la sabana, con boabs y eucaliptos. A lo largo de los cursos de agua impera el bosque tropical y los manglares. De julio a septiembre se pueden ver flores silvestres de todos los colores, formas y tamaños. Es el hogar de una increíble variedad de mamíferos como, zarigüeyas, dingos, zorros voladores y muchas especies de marsupiales, así como algunos de los animales más venenosos y peligrosos, como la serpiente taipán y el cocodrilo de agua salada. A su costa acuden ballenas jorobadas y varias especies de tortugas marinas. También se pueden observar numerosas especies de aves coloridas y espectaculares, como el loro de alas rojas.

Foto: Mitchell Falls, Kimberley. / NeilsPhotography

Mundiario


viernes, 27 de enero de 2017

Isla Montecristo


La famosa isla de Montecristo se vio invadida por una horda de ratas negras

Descrita en una de las más famosas novelas de Alejandro Dumas y que dio nombre a los más reconocidos puros habanos está prácticamente deshabitada y con las ratas erradicadas.

De todas las marcas de cigarros puros habanos posiblemente la más apreciada y renombrada sea Montecristo, una referencia con la que se compara y mide a los demás habanos. Sus puros están ligados a mano exclusivamente con hojas seleccionadas, procedentes de Vuelta Abajo, región que comprende la parte más occidental de la isla de Cuba, tierra que produce el mejor tabaco del mundo. Estos cigarros se distinguen por un aroma que cautiva a los fumadores más experimentados y exigentes. La marca está acuñada en 1935 por la tabaquera H. Upmann de La Habana, donde un lector leía a los torcedores una novela cuyo protagonista inspiró el nombre de la vitola.

Ese personaje no era otro que Edmundo Dantes, El Conde de Montecristo, una de las obras más populares del novelista y dramaturgo francés Alejandro Dumas, en la que se narran las aventuras y desventuras de un joven y exitoso marino, enamorado de Mercedes, que es traicionado y encarcelado en la isla de If, donde permanece cautivo catorce años y conoce al abad Faria, el cual le transmite su saber, le da la clave para huir y le lega una gran fortuna oculta en la isla de Montecristo.

Habanos y novelas nos llevan a la isla de Montecristo, una pequeña y escarpada isla de unos 10 kilómetros cuadrados, una de las siete que conforma el archipiélago Toscano, a medio camino entre las costas de Córcega e Italia. La isla, que está deshabitada y es una reserva natural protegida, ha sido invadida por miles de ratas negras que se cree llegaron como polizones en barcos hace años y que se han multiplicado de tal manera que en 2012 se estimaba que había más de una rata por metro cuadrado. Ante la grave amenaza que representaban para el equilibrio ecológico fueron arrojadas exitosamente desde el aire 26 toneladas de pellets de veneno sobre la isla liberándola de la plaga.

Foto: Isla de Montecristro. / Allumeur



jueves, 19 de enero de 2017

As Burgas


As Burgas representan una oportunidad para conocer verdaderamente Ourense

Hay un dicho popular gallego que nos cuenta: “Tres cousas hai en Ourense, que non as hai en España, o Santo Cristo, a Ponte e as Burgas fervendo auga.”

Etimológicamente el nombre de la ciudad de Ourense, sin que exista acuerdo sobre su verdadero origen, se asocia a términos como “Auriense” (La ciudad del oro) con el que teóricamente fue bautizada por los romanos debido a su riqueza aurífera, “Aquae urente” (Aguas abrasadoras) expresión latina relativa a los chorros de agua caliente que brotaban de la tierra, o “Warmse” (Lago caliente) vocablo germánico con el que se denominan las fuentes de aguas termales.

Pero lo que verdaderamente define a Ourense son las termas como las de Outariz, A Chavasqueira y, en especial, As Burgas. Estas son unos manantiales hipertermales, situadas en el pleno centro histórico de la ciudad, con aguas ricas en sílice, flúor y litio, que brotan a una temperatura de entre 64ºC y 68°C, con un gran caudal, idóneas para tratar afecciones de la piel. Son tres manantiales: la Burga de Arriba, de estilo popular, la Burga do Medio, de estilo moderno, y la Burga de Abaixo, de estilo neoclásico.

Respecto a su origen, cuenta la leyenda que en tiempo inmemorial vivía en un monte cercano a Rivadavia un ermitaño de nombre Pedro, muy estimado por las gentes de la zona, del que se decía que tenía el poder de hacer milagros y que conocía los secretos de las corrientes subterráneas de agua caliente. Cuando se sintió viejo y que se le acababa la vida fue reconfortado por un joven pastor que, a base de tisanas de hierbas y cariñosa compañía, le hizo renacer. Pero la hija de un tabernero de Rivadavia, despechada por el mozo, le acusó falsamente del robo del cáliz de la iglesia, peripecia que acabó con su muerte. El asceta Pedro lloró la muerte de su inocente amigo y, en un alarde de coraje, rompió su vida ascética y se trasladó a Ourense, donde hizo brotar las aguas hirvientes de As Burgas. Aunque también hay quién dice que proceden de un volcán situado bajo la ciudad o los que le atribuyen un origen religioso por nacer a los pies del Santo Cristo de la Catedral.

Foto: As Burgas, en Ourense. / Abi Fer

Mundiario


viernes, 13 de enero de 2017

Neuschwanstein


Neuschwanstein simboliza a Alemania lo mismo que la Torre Eiffel a Francia

Este castillo bávaro representa un lugar nostálgico y de ensueño que es visitado por millón y medio de turistas cada año, de los cuales más de la mitad no son alemanes.

Se ve que los alemanes tenían ganas de rentabilizar la exposición pública del Castillo de Neuschwanstein ya que, según la  web del propio castillo, a las siete semanas de la muerte del rey Luis II en 1886 abrió sus puertas al visitante de pago. Este rey, de carácter retraído, lo había construido como un refugio para poder alejarse de la vida pública y, tras su muerte, acabó convertido en una atracción para un público masivo, con más de 6.000 visitantes algunos días recorriendo unas estancias que estaban destinadas a un solo residente.

El Castillo fue construido en el siglo XIX por Eduard Riedel y Georg Dollmann, por encargo del rey Luis II, en una colina escarpada cerca de Füssen en el sudoeste Baviera, en el entorno de un pintoresco paisaje de montaña, a modo de retiro y como un homenaje al compositor Richard Wagner. Conviene resaltar, por lo que tiene de excepcional y ejemplar, que la construcción la pagó el rey con su fortuna personal y por medio de préstamos, en lugar de acudir a los fondos públicos bávaros. La construcción imita el estilo románico del siglo XIII, y en él se inspira el Castillo de la Bella Durmiente de Disneyland.

Y es que si alguien habla de un castillo de cuento de hadas, bien puede estar refiriéndose al de Neuschwanstein. Además de su indiscutible belleza este castillo está rodeado de algunas curiosidades: Su construcción duró 17 años, los que van de 1869 a 1886, y el rey Luis II, debido a su prematura muerte, solo lo habitó 172 días. Luis II creció en Hohenschwangau a 2 kilómetros de Neuschwanstein y desde niño soñó con construir un palacio en la escarpada colina que veía desde su casa. El palacio está inspirado en la música de Wagner, en especial las Sagas Germánicas. Su diseño no corresponde a ningún arquitecto sino al afamado escenógrafo muniqués Christian Jank.

Foto: El otoño en Neuschwanstein. / Achim Thomae

Mundiario


sábado, 7 de enero de 2017

Pico Sacro


Mirando hacia él o desde él, el Pico Sacro resulta un capricho para la vista

Al verlo de lejos, solo piensas en querer subir a él y, una vez coronado después de una empinada caminata, lo que desde arriba se divisa invita a no querer bajar.

De todos los montes de Galicia que en mi época de colegial se memorizaban como Faro, Farelo, Pico Sacro y Bocelo, el Pico Sacro resulta ser el menos alto pero el más conocido y mítico por la cantidad de historias y leyendas que lo rodean. Se sitúa cerca de Santiago de Compostela, en el ayuntamiento de Boqueixón. Es un monte que se eleva cerca de 600 metros sobre el nivel del mar y su silueta es un punto de referencia en la zona a la que apuntan habitualmente los objetivos de las cámaras de los fotógrafos amantes de los paisajes.

Su nombre está ligado a las leyendas relacionadas con el traslado del cuerpo del apóstol Santiago de Palestina a Galicia y a muy diversos relatos y narraciones populares. Por sus inmediaciones pasa uno de los Caminos hacia Santiago, el Camino procedente del Sudeste y de la Vía de la Plata, y viene siendo el equivalente al Monte do Gozo del Camino Francés, desde donde se perfilan por primera vez las torres de la Catedral.

Al margen de mitos y leyendas, resulta ser un emplazamiento geográfico con una privilegiada visión panorámica, un lugar habitado desde la prehistoria según lo atestiguan petroglifos, grabados rupestres y mamoas hallados en su falda. En el siglo X se construyó en su cima el monasterio de San Sebastián, del que sobrevive la capilla. Posteriormente, en el siglo XV, se levantó la fortaleza de Montesagro, de la que se conservan unos mínimos restos y un gran aljibe excavado en la roca. Todo lo demás, que no está escrito pero no por ello es menos interesante y enigmático, forma parte del encanto de la magia, la mitología y la leyenda que, desde tiempos remotos hasta el día de hoy, perviven en el imaginario de la tradición popular.

Foto: Amanece en el Pico Sacro. / Rafael Santos

Mundiario


lunes, 2 de enero de 2017

Staffa


Grandes columnas de basalto reciben al visitante que llega por mar a Staffa

El acercamiento a bordo de un barco a la isla de Staffa es impresionante, columnatas de rocas basálticas flanqueando cuevas profundas inspiran al visitante la visión de un gigantesco órgano.

Staffa es una pequeña isla deshabitada, cuya superficie ronda la tercera parte de un kilómetro cuadrado, situada al oeste de Escocia y perteneciente a las islas Hébridas. Fue bautizada con este nombre, que significa “isla de las columnas”, por los vikingos debido a que el basalto de su paisaje les recordaba a sus casas construidas a partir de troncos colocados verticalmente.

Es una isla totalmente volcánica, probablemente más conocida por sus características geológicas únicas en forma de columnas prismáticas de basalto y las numerosas cuevas como Fingal’s Cave que por otra cosa. Aunque históricamente no jugó un papel importante fue visitada por muchas personalidades tales como Félix Mendelssohn, al que le inspiró la composición de la Obertura de las Hébridas, el escritor del romanticismo Sir Walter Scott, el poeta William Wordsworth, la reina Victoria y su esposo el príncipe Alberto de Sajonia, Julio Verne o el Doctor Livingstone.

Hoy Staffa pertenece al Patrimonio Nacional de Escocia y es frecuentemente visitada por los turistas debido a su singular belleza natural. A parte de las impresionantes columnas de basalto de tal precisión geométrica que es difícil creer que fuesen creadas por la naturaleza, la atracción más prominente y famosa es la Cueva de Fingal, una  gran cueva en el mar, en el extremo sur de la isla, con 20 metros de altura y 75 metros de largo, formada por acantilados de columnas de basalto hexagonal.

Foto: Isla Staffa. / Ulrich Schlaugk

Mundiario


domingo, 25 de diciembre de 2016

Ponte de Lima


En el corazón del valle del Lima encontramos la villa más antigua de Portugal

Se trata de Ponte de Lima, villa por decreto de la reina Teresa de Portugal desde 1125, con su peculiar y castiza belleza que esconde raíces profundas y leyendas ancestrales.

Ponte de Lima es una pequeña ciudad de unos 45.000 habitantes, situada en el distrito de Viana do Castelo, al norte de Portugal. Tiene la categoría de villa desde que le fuera concedido este privilegio por carta de fuero en 1125, siendo la más antigua de Portugal. Debe su nombre al puente romano sobre el río Lima o Limia construido en época de emperador Augusto e integrado en la Vía Nova que iba de Braga a Astorga, reformado en los siglos XIV y XVI.

Es un centro productor del típico Vinho Verde, recurso económico propio de la zona del Alto Minho. También es una localidad orientada al turismo, muy visitada por los gallegos atraídos por su gastronomía y su patrimonio histórico y paisajístico, con muchos jardines y muy bien cuidados. Aquí cada año se celebra el Festival de los Jardines, un afamado certamen de carácter internacional.

Para potenciar el turismo, la Cámara Municipal de Ponte de Lima, de acuerdo con algunas quintas privadas, ofrece al visitante la posibilidad de recorrer su interior y sus jardines. Así podemos visitar: La Casa das Pereiras, que data del siglo XVII, perteneciente a la familia Magalhäes Lanços Abreu Coutinho, con un jardín de camelias centenarias; la Casa da Nosa Senhora da Lapa, de la familia de Los Calistos, con fuentes centenarias labradas en cantería, una explotación de vino verde y nobles escaleras, balaustradas y marcas heráldicas; y la Casa da Nossa Senhora da Aurora, perteneciente a los Condes de Aurora, reconstruida en el siglo XVII sobre un inmueble del siglo XIV, con unos extensos jardines barrocos y una lujosa capilla privada.

Foto: El puente de Ponte de Lima. / Manwell Carbalho

Mundiario


lunes, 19 de diciembre de 2016

Tashirojima


La isla Tashirojima constituye un santuario donde los gatos son los reyes

Es conocida como "Isla del Gato" porque estos felinos son los principales residentes de la misma, ya que los lugareños persiguen la buena suerte cuidando de ellos en libertad.

En el océano Pacífico, al norte de Tokio y frente a la península de Oshika, se encuentra la pequeña isla de Tashirojima, una isla de poco más de 3 kilómetros cuadrados habitada por un centenar de personas, en su mayoría de avanzada edad, y una nutrida colonia de gatos callejeros que ha prosperado al amparo de la creencia popular de que alimentarlos en libertad tendrá como consecuencia riqueza y buena fortuna.

Los gatos viven mayoritariamente en libertad siendo tratados como reyes porque mantenerlos como mascotas se considera inapropiado. La población humana ha ido mermando en los últimos años en la misma proporción que crecía la de los felinos, siendo los actuales residentes verdaderos protectores de los gatos. Huelga decir que, para no perturbar la tranquilidad gatuna, los perros no están permitidos en la isla y si algún can se aventurase tendría que ser lo suficientemente tonto como para adentrarse en un lugar lleno de gatos callejeros.

En el pasado los isleños se dedicaban a cría de gusanos de seda y se fueron dotando de gatos para mantener a raya la población del principal depredador natural de los gusanos de seda: el ratón. Posteriormente la principal actividad de la isla sería la pesca, con lo que los gatos andaban tras los, pescadores pidiendo desechos de pescado. Los pescadores desarrollaron un especial cariño por los gatos a los que observaban de cerca, interpretando sus gestos y acciones como fuentes de predicción del clima y de las posibilidades de pesca. Finalmente los gatos pueden terminar trayendo la suerte a la isla en forma de turismo ya que se ha convertido en una atracción para viajeros curiosos.

Foto: Santuario del gato en Tashirojima. / hirano_sui

Mundiario


martes, 13 de diciembre de 2016

Barral


Barral fue adoptado como apellido para indicar el origen de quién lo lleva

Según el “Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica”, su escudo recoge las siguientes armas: Tres bastones de plata y un ala de oro, cargada de ocho rosas de gules.

Durante mucho tiempo tuve la creencia de que el apellido Barral, mi apellido, era de origen catalán pero, por lo que pude averiguar, es un apellido relativamente mucho más frecuente en Galicia, especialmente en las provincias de A Coruña y Pontevedra. Parece ser que tiene un origen toponímico que se aplicaba a personas de poblaciones con el nombre de Barral, que en gallego-portugués significaba “barrizal”, refiriéndose así a la naturaleza del terreno en el que se levantaban las poblaciones así llamadas. En la Edad Media el nombre de Barral fue adoptado como apellido por quienes eran originarios de alguna población con dicho nombre para indicar su origen geográfico, lo que explica que surgieran distintas casas de Barral que no estaban emparentadas entre sí.

En Galicia es un apellido que, a nivel porcentual, es más común en zonas como la que abarca los municipios de Meis, Ribadumia, Catoira y O Grove, la de Mondariz y Fornelos de Montes, la de Aranga, Coirós, Abegondo, Betanzos, Sobrado dos Monxes y Curtis, o la de Touro, Boqueixón, O Pino y Arzúa. En el resto de España tiene un peso relativo en provincias como Segovia, Soria, Guipúzcoa, Madrid, Lleida, Logroño, Cádiz o Huelva.

La sorpresa nos la llevamos, o por lo menos a mí me ha sorprendido, al analizar los datos del año 2014 a nivel mundial. España ocupa el tercer puesto en el ranking por densidad, un Barral por cada 12.455 habitantes, detrás de Mónaco (1/4.619) y Bolivia (1/12.125). En cifras absolutas, sin embargo, es Francia el país que más Barrales alberga, 4.433 frente a los 3.734 de España; les siguen Brasil (3.498) y Argentina (3.091). Es un apellido que también tiene relevancia porcentual en Uruguay, Portugal, Guatemala, Filipinas, Venezuela y algunas partes del Perú.

Foto: El apellido Barral en Galicia. / historiaapellidos y usc

Mundiario


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Castro de Viladonga


A unos 20 kilómetros de Lugo se encuentra el excepcional Castro de Viladonga

Se trata de un conjunto arqueológico, compuesto de yacimiento y museo, de los más representativos y mejor conservados de la cultura castrexa con notables influencias producto de la invasión romana.

El Castro de Viladonga ocupa un recinto amurallado de una hectárea de superficie que se extiende por toda la cumbre de un promontorio que domina el paisaje de la Terra Chá, en el municipio de Castro de Rei, provincia de Lugo. Se trata de un castro con su mayor apogeo entre los siglos II y V después de Cristo, época de convivencia de las culturas galaico y romana, puesto al descubierto por las excavaciones iniciadas a partir de 1971.

Formalmente es un castro cuyo recinto se rodea de murallas y fosos en torno a una acrópolis central de aspecto casi plano. Su apariencia es la de una ciudadela con dos calles principales y un camino que circunda el poblado y discurre por el interior de la muralla, en paralelo a la misma. Se han descubierto restos de viviendas circulares, las más antiguas, y cuadrangulares, las de influencia romana, organizadas en una especie de barrios con edificios comunales, corrales y almacenes.

El recorrido por el castro es necesario complementarlo con una visita al Museo, abierto al público desde 1983, que se sitúa al pie de la muralla y que alberga y expone unos valiosos restos arqueológicos tanto por cantidad como por calidad. Se trata de objetos de la vida cotidiana de sus pobladores entre los que destacan armas, juegos, aperos de labranza, cerámica, objetos ornamentales, etc.

Foto: Vista aérea del Castro de Viladonga. / Vicente Piorno

Mundiario


jueves, 1 de diciembre de 2016

Krakatoa


Sobre Krakatoa se plantea la duda de si hablamos de una isla o de un volcán

El 27 de agosto de 1883 una colosal explosión hizo volar por los aires la isla de Krakatoa en la que fue una de las mayores erupciones de la historia.

Krakatoa es una isla o, según se mire, los restos de una isla totalmente volcánica situada en el estrecho de Sunda, entre las islas de Java y Sumatra, perteneciente a Indonesia. El nombre de Krakatoa se asocia a la catastrófica erupción volcánica que tuvo lugar en 1883, una erupción explosiva que se escuchó a más de 4.500 kilómetros de distancia y que destruyó más dos tercios de la isla originaria provocando cerca de 40.000 muertos, aunque hay quién estima que pudieron sobrepasar los 100.000. La nube ardiente se extendió en un radio de 40 kilómetros, se generó un tsunami con olas de 40 metros y una capa de ceniza en suspensión dio la vuelta a la Tierra.

Hasta esa fecha Krakatoa era una isla de más de 20 kilómetros cuadrados que se extendía hacia el norte de la isla actual y que triplicaba la superficie de ésta, con tres picos volcánicos: Raka, Danan y Perboewetan, de los cuales los dos últimos desaparecieron con la explosión. La actividad volcánica no cesó y, en la ubicación de la caldera formada en 1883, surgió a partir de 1927 una nueva isla bautizada como Anak Krakatau y que, desde entonces, no ha parado de crecer.

De todas formas ya existía un precedente. Corría el año 416 cuando, según el Libro de los Reyes, “el mundo entero sufrió una sacudida enorme, acompañada por fuerte lluvia y tormentas, que no solo no hizo extinguir el fuego de la erupción de la montaña, sino que lo aumentó, el ruido era espantoso y por fin la montaña se rompió en pedazos y se hundió en lo más profundo…”. Durante ese suceso se cree que, a partir de una isla mayor, se formó la caldera que separaba las islas Verlaten, Lang y la originaria Krakatoa.

Foto: Reciente erupción en Krakatoa. / flydime

Mundiario


sábado, 26 de noviembre de 2016

Santa Compaña


La Santa Compaña pasa por ser una de las leyendas más arraigadas de Galicia

Entre mito y realidad, desde la Edad Media hasta la actualidad, no ha dejado de infundir temor y respeto sobre todo entre niños y caminantes durante la noche.

Nadie discute que a quién recibe la visita de la Santa Compaña no le queda más de un año de vida. Y es un hecho, confirmado por quienes la han visto, que se aparece en los cruces de caminos, particularmente a partir de la media noche, para solicitar el alma de alguien condenado a dejar en breve el mundo de los vivos. Su presencia viene acompañada de un silencio sepulcral solo roto por el tintineo de una campanilla, el desesperado aullido de los perros y la huida despavorida de los gatos, dejando en el ambiente una neblina con olor a cirio e incienso.

Es este un mito anunciador de la muerte, muy conocido en el noroeste peninsular, con especial arraigo en Galicia, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y muy vinculado a la proliferación de tantos cruceiros como los que existen en esta tierra. La Santa Compaña se define como una tenebrosa procesión de difuntos o almas en pena que, durante la noche y formando dos filas, recorre los caminos de parroquias y pueblos. Los miembros de la comitiva van descalzos, vestidos con túnicas negras y tocados con capucha, cada uno con una vela encendida, y encabezados por un mortal que porta una cruz y agua bendita.

Según la tradición, quién se tope con la Santa Compaña, podrá librarse de que su alma sea capturada si se sube a los escalones de un cruceiro, si es capaz de exhibir a tiempo un crucifijo en el caso de que lo porte o trazar un círculo en el suelo y entrar en él poniéndose a rezar con fervor y tratando de no escuchar el sonido que emite la procesión a su paso.

Foto: El halo que deja la Santa Compaña. / José Luis López Vázquez

Mundiario


lunes, 14 de noviembre de 2016

Isla Rügen


Escritores, artistas, políticos y magnates solían ir de vacaciones a Rügen

En el siglo XIX el pintor Caspar David Friedrich inmortalizó los paisajes y acantilados de una isla cuyo esplendor se puede ver en los pomposos balnearios que todavía existen.

Rügen, con 926 kilómetros cuadrados de superficie, es la isla más extensa de Alemania. Se encuentra muy cerca de la costa de Pomerania, en el Mar Báltico, y está unida a la ciudad hanseática de Stralsund por carretera y ferrocarril a través del puente de Rügen. Se caracteriza por su clima relativamente templado y una costa accidentada con muchas pequeñas penínsulas, acantilados de rocas blancas, bahías abiertas, playas de fina arena y mar azul.

Rügen es un destino turístico muy popular al que los alemanes califican como “un lugar adecuado para estar”. Además de la idílica costa, los visitantes pueden disfrutar de un pintoresco paisaje con frondosos bosques de hayas rodeando lagos, con dos parques nacionales: la Reserva de la biosfera de Rügen y el Parque Jasmund, declarado Patrimonio de la Humanidad. La isla es una explosión de colores que va de los verdes vivos de los bosques al azul intenso del mar, pasando por el blanco brillante de la arena y los acantilados de roca cretácea, así como los vibrantes amarillos y rojos de los campos de amapolas.

Una naturaleza intacta y estaciones balnearias de lujo resultaban un atractivo irrenunciable para personajes como Thomas Mann, Albert Einstein, el canciller Bismarck y el propio Adolf Hitler. Si para ellos Binz y Sellin representaban el más puro lujo, en la actualidad transmiten el encanto nostálgico de los balnearios época convertidos en elegantes hoteles de lujo. Y para nostálgicos también está el antiguo ferrocarril de vía estrecha que lleva a los turistas a cada uno de los balnearios de la isla a una velocidad de 30 kilómetros/hora.

Foto: Embarcadero de Sellin. / Werner Kunz

Mundiario